Experiencia china en control de desertificación contribuye a brindar soluciones ante desafío global

YINCHUAN, 4 ago (Xinhua) — La desertificación amenaza los ecosistemas y la subsistencia en numerosas partes del mundo. Ante esta realidad, la experiencia de China en la lucha contra el avance de las extensiones arenosas y áridas, está aportando nuevas perspectivas a los países que busquen recuperar sus tierras degradadas. Rodeada de desiertos por tres de sus límites territoriales, la región autónoma de la etnia hui de Ningxia, situada en el noroeste chino, lleva décadas haciendo frente a este fenómeno. Tras décadas de esfuerzos dirigidos a combatirlo, la región que una vez estuvo amenazada por prominentes áreas desérticas, se ha transformado en un modelo de restauración ecológica. Hoy, esas prácticas ayudan a otros lugares, más allá de las fronteras chinas, a solucionar retos similares. Establecido en 2025, el Centro de cooperación entre China y Asia Central para la prevención y el control de la desertificación, con sede en Ningxia, sirve como una plataforma de intercambios tecnológicos, estudios conjuntos y proyectos pilotos que contribuye a conectar la experiencia china con las particularidades ecológicas y las exigencias de desarrollo de los países asociados. Entre las técnicas que han despertado interés en el plano internacional se encuentra el tablero de paja, un método ideado y ampliamente utilizado en China, en el cual se dispone paja de modo tal que forme un patrón cuadriculado, a manera de rejilla, para ser enterrada parcialmente en arenas móviles o sueltas, con el propósito de estabilizar las dunas y crear las condiciones necesarias para el crecimiento de la vegetación. Sin embargo, los expertos chinos subrayan que cuando se trata de controlar la desertificación, no existe un enfoque absolutamente válido y aplicable a todos los casos. “El éxito de un método depende de las condiciones locales”, afirmó Huang Wei, subdirector del centro de cooperación e ingeniero superior. El científico señaló que, aunque las técnicas integradas de protección contra los vientos y de fijación de arenas se han probado y perfeccionado a lo largo de décadas de implementación en Ningxia, deben adaptarse a las especificidades ecológicas, las capacidades de gobernanza y las prioridades de desarrollo de cada país socio. Durante un taller sobre la materia, celebrado el mes pasado en Dushanbe, Tayikistán, Huang adaptó los contenidos académicos para tener en consideración el relieve montañoso de este país y la grave erosión de sus tierras. A su vez, añadió sesiones enfocadas en reforestación de montañas, conservación de suelos, manejo de plagas forestales y prevención de incendios en áreas boscosas. Esa misma visión, orientada a atender demandas específicas, constituye el fundamento de los proyectos piloto que el centro lleva a cabo en la actualidad. Entre estos se cuentan una zona de demostración de espacios verdes urbanos en Uzbekistán, una base para la propagación de plántulas en Kirguistán, y una propuesta de invernaderos inteligentes en Kazajistán. Igualmente, la cooperación va más allá de las tecnologías en sí mismas. Como explica Deng Xue, supervisor de formación e intercambios en el centro, en estos dos frentes se organizan programas en los cuales se reúnen especialistas técnicos, académicos y responsables de políticas de los países socios. De tal forma, se fomenta el diálogo y se lleva a plasmar la experiencia sobre el terreno en dinámicas de planificación y colaboración ecológicas a largo plazo. Gulom Bekmirzaev, profesor de la Universidad Verde de Uzbekistán, especializado en control de la desertificación y estudios en economía del desierto, ha participado en varias capacitaciones en China. Su expectativa es estructurar ofertas similares en su propio país, en aras de que más personas se beneficien mediante la socialización de experiencias. A lo largo de los años, China, como uno de los primeros firmantes de la Convención de las Naciones Unidas sobre la lucha contra la desertificación, ha compartido sus tecnologías y su experticia en lo concerniente a enfrentar la desertificación con asociados de Asia, África y Oriente Medio, a través de programas de cooperación internacional y de desarrollo de capacidades. El ejemplo más reciente tuvo lugar a finales de julio, cuando se inauguró en Yinchuan, la capital regional de Ningxia, un programa formativo de tres semanas que congregó a 34 expertos en ecología y funcionarios de Irak, Jordania, Túnez y otras tres naciones árabes. “Estamos aquí para analizar cómo se puede adaptar la experiencia de China a nuestras propias condiciones”, manifestó Saifeddine Eturki, investigador del Instituto de Regiones Áridas de Túnez. Dicha experiencia también ha brindado conocimientos que favorecen las labores restaurativas en distintos puntos del planeta. En Arabia Saudí, los progresos alcanzados por China en cuanto a integrar la obtención de energía fotovoltaica con la restauración de desiertos han ofrecido nuevas ideas para conciliar la generación de energías renovables con la rehabilitación de tierra. Asimismo, las lecciones aprendidas del Programa de la Franja Forestal Protectora de los Tres Nortes de China han permitido apoyar la Iniciativa de la Gran Muralla Verde en el continente africano. “Las tormentas de arena no conocen fronteras”, comentó Feng Zhanwen, director del centro de cooperación. “Compartir experiencias y soluciones es fundamental para que los países trabajen juntos a la hora de hacer frente a este desafío común”. Fin